Palabras
al viento. Ensayo sobre la fuerza ilocucionaria
Antonio Blanco Salgueiro
En ocasiones hablamos por hablar, sin
tomarnos muy en serio lo que decimos y las implicaciones o las repercusiones
de lo que decimos. Por eso se dice que las palabras se las lleva el
viento. En cierto sentido, que esta obra trata de desentrañar,
es posible que esa frase hecha encierre una profunda verdad acerca de
nuestra relación con el lenguaje. Sin embargo, no se puede negar
la tremenda eficacia de las palabras, que son instrumentos gracias a
los cuales somos capaces de hacer una infinidad de cosas. Podemos hacer
afirmaciones, predicciones, promesas, peticiones, advertencias y objeciones,
así como dar órdenes, insultar o amenazar a alguien, dimitir
de nuestros cargos, convocar a un grupo de personas para una reunión,
agradecer un favor y muchas otras cosas por el estilo. Todos esos son,
sin duda, importantes logros para simples palabras arrastradas por el
viento. Podemos caracterizar los diversos modos mencionados de usar
el lenguaje diciendo que nuestras emisiones lingüísticas
son susceptibles de cargarse con una amplia variedad de diferentes fuerzas.
Ahora bien, ¿cómo ocurre tal cosa? ¿En virtud de
qué decimos que ciertos sonidos o marcas constituyen, por ejemplo,
una objeción, una petición o una promesa? ¿Qué
es, en general, una fuerza? Palabras al viento constituye un intento
de perfilar mejor esas cuestiones y de darles cumplida respuesta.