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Universidad Complutense
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Antonio Buero Vallejo.
Literatura y Filosofía

Ana María Leyra Soriano (coord.)

  • Prólogo
  • Introducción. Teatro y Filosofía, por Manuel Maceiras
  • Vida y estética
  • Cronología de Antonio Buero Vallejo
  • Jornadas sobre la dramaturgia de Buero Vallejo, por Carmen Alborch
  • Conversación pública de Antonio Buero Vallejo con Santos Sanz Villanueva
  • La vida humana en el teatro de Buero Vallejo, por Pedro Laín Entralgo
  • Tiempos y espacios en Buero Vallejo: el ejemplo de Música cercana, por Adelardo Méndez Moya
  • Buero Vallejo: un teórico de la lucha histórica, por David Johnston
  • El compromiso moral como juicio dramático en el teatro de Antonio Buero Vallejo, por José Paulino
  • Buero Vallejo y el camino de la tragedia española, por Ricardo Doménech
  • Las filosofías de la diferencia y la repetición en el teatro de Buero Vallejo, por Ana María Leyra
  • La sincronicidad en dos obras acrónicas, por Patricia W. O'Connor
  • Voluntad de luz. Símbolo, metáfora y filosofía en la dramaturgia de Buero Vallejo, por Enrique Pajón Mecloy
  • H. G. Wells en la vida y en la obra de Antonio Buero Vallejo, por Víctor Dixon
  • Buero Vallejo: el teatro como modo de conocimiento, por José Luis Abellán
  • Planos de significación en el teatro de Antonio Buero Vallejo, por Mariano de Paco
  • El noventayochismo en Buero, por Carmen Rodríguez Santos
  • El cuerpo como memoria: Schopenhauer en Las trampas del azar, de Antonio Buero Vallejo, por Mª Fernanda Santiago Bolaños
  • Bibliografía

Prólogo

Entre los motivos que han dado lugar a este libro se encuentra destacado, al menos como ocasión en el tiempo, los ochenta años cumplidos por un dramaturgo no sólo de relieve entre nuestras letras sino también destacado como figura comprometida en unos momentos cruciales en la búsqueda de sentido de nuestro pueblo y, en consecuencia, para el enfoque apropiado de la cultura española. Antonio Buero Vallejo ha cumplido ochenta años el pasado 29 de septiembre de 1996, lo que dio lugar a que la Universidad Complutense de Madrid organizase unas Jornadas sobre Teatro y Filosofía en tomo a su dramaturgia.

Puede hablarse de homenaje porque, en efecto, en una Universidad como la Complutense y dentro de ella en las Facultades de Filosofía y de Filología, se vive con la mayor intensidad el problema de¡ pensamiento y de toda creación en la que el ser humano sea protagonista. Reconocer dentro de estos presupuestos los aportes tan relevantes de Buero resulta obligado en conciencia y también como natural satisfacción por parte de todos los que nos hemos beneficiado del esfuerzo creador de este dramaturgo que siempre ronda la dimensión filosófica en sus obras. Pero el valor de homenaje ha sido sólo la ocasión oportuna para llevar a cabo un estudio sobre una vida y una obra que nunca se han caracterizado por la ambigüedad.

Una vida y una obra que han discurrido por cauces paralelos, manteniendo un diálogo constante con los acontecimientos históricos y con las transformaciones culturales. Una vida y una obra que nunca han sido cómodas, ni para el propio ser humano Antonio Buero Vallejo, personaje casi siempre inquietante, las más de las veces crítico y en no pocos momentos molesto como sujeto de una biografía comprometida, ni para el escritor y dramaturgo, testigo de su tiempo, irreductible a las modas culturales, a los vaivenes políticos y a los vigentes «tráficos» en la sociedad española.

No se nos ocurre una manera más directa y eficaz de expresar ese talante de compromiso profundo con el ser humano y con la historia, esa vocación de conciencia lúcida sin concesiones que es el perfil que suele distinguir al creador, que recordar aquí la oportunidad, y a la vez la inoportunidad, de una de sus obras: La detonación. Una obra que en terminología nietzscheana podríamos llamar «intempestiva».

La detonación se estrena el 20 de septiembre de 1977. Comienza entonces en España el alborear de una nueva época. Una incipiente transición política se mostraba todavía incierta entonces, aunque ahora, en la distancia, se nos pueda antojar como indudable.

En su pieza dramática Buero elige a un escritor también incómodo para su tiempo: Mariano José de Larra, y procura sugerir a la naciente democracia española la cautela como método de comportamiento, la necesidad de no reproducir los viejos errores de los antiguos oponentes políticos. La lucidez de la mirada bueriana no evita que alguna crítica tildase la obra de «excesivamente didáctica». Nos preguntamos ahora si acaso no resultó «excesivamente poco didáctica», e incluso si no fue la crítica a su valor didáctico lo que impidió una mayor y más certera eficacia social de sus propuestas; porque el curso de los acontecimientos sociopolíticos le dio en gran medida la razón.

Y es que la labor del hecho artístico que llamamos teatro ha sido siempre poner un espejo ante el rostro sobresaltado de la época en la que acontece y proponer a los espectadores primero la contemplación y luego la toma de conciencia de las visiones más o menos deformadas que el espejo les muestra. De una época sin teatro poco o ningún pensamiento se puede esperar, poca o ninguna filosofía.

La celebración durante el año 1996 del ochenta aniversario del nacimiento de Antonio Buero Vallejo fue, desde luego, un motivo, pero sobre todo debemos aprovecharlo como un pretexto para que este libro no se limite a ser un mero homenaje circunstancial. Su propósito es más ambicioso ya que aspira a lograr que se convierta en el incio de un interés permanente por el estudio de su teatro desde la filosofía.

Nos compete, pues, a las Facultades de Filología y de Filosofía fomentar la inquietud por un teatro cuyas características lo sitúan a modo de bisagra entre la literatura y el pensamiento. El fondo que alienta en sus piezas dramáticas evoca líneas de continuidad de nuestra más eminente cultura: una de las intenciones o impulsos más radicales de Buero está, en consonancia con Antonio Machado, en superar esa ancestral concepción de «las dos Españas». Ortega y Unamuno diríamos que se respiran en sus páginas; Cervantes inspira directamente los texos de su libreto para ópera Mito; el influjo marxista subyace en su ideología; la estética schopenhaueriana también. Todos estos síntomas, y muchos más, están esperando su tratamiento desde la filosofía. Algunos estudios pioneros ya han abierto camino y muchos, estamos seguros, les seguirán para que, a partir de los posibles análisis de sus obras trágicas, la cultura española pueda ofrecer valiosas aportaciones a la cultura universal.

Ana Mª Leyra Soriano
Coordinadora

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